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Rodhos

Suspendida entre el azul cobalto del Egeo y el azul límpido del cielo mediterráneo, Rodas emerge como un puente de piedra y luz en...

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Suspendida entre el azul cobalto del Egeo y el azul límpido del cielo mediterráneo, Rodas emerge como un puente de piedra y luz entre Occidente y Oriente. Isla del Sol por excelencia, consagrada por el mito a Helios, es la más grande del Dodecaneso y custodia una herencia histórica que tiene pocos parangones en la cuenca del Mare Nostrum. Entrar en Rodas significa cruzar umbrales temporales superpuestos: se camina entre los bastiones ciclópeos erigidos por los Caballeros Hospitalarios, se vislumbran los minaretes que se alzan sobre los tejados de tejas rojas y se respira el eco de una clasicidad que en su día vio nacer una de las siete maravillas del mundo antiguo. La ciudad de Rodas, capital de la isla, no es solo un destino de playa, sino un organismo vivo donde la historia nunca se ha convertido en un museo estático, sino que sigue latiendo en los callejones empedrados de su casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El encanto de Rodas reside en su capacidad de acoger a todo tipo de viajero: el apasionado de la arqueología encontrará santuarios milenarios, el naturalista descubrirá valles poblados por miles de mariposas, mientras que quien busque relax será mimado por kilómetros de costa que alternan arena finísima con acantilados salvajes. Pero es la atmósfera cosmopolita, fruto de milenios de intercambios comerciales y dominaciones —de los griegos a los romanos, de los bizantinos a los Caballeros de San Juan, de los otomanos a los italianos— lo que hace único este lugar. Rodas es una narración continua, un mosaico de culturas que se refleja en su cocina especiada, en su arquitectura ecléctica y en la cálida hospitalidad de sus habitantes, dispuestos a desvelar los secretos de una isla que no deja nunca de sorprender a quien sabe mirar más allá de la superficie del mar.

Actualizado el 7 julio 2026

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El relato

La historia de Rodhos

Una crónica milenaria: de las ciudades-estado a los Caballeros

La historia de Rodas está indisolublemente ligada a su posición estratégica. Fundada en el 408 a.C. mediante la unión de las tres grandes ciudades-estado de la isla —Lindos, Ialisos y Camiros—, la ciudad de Rodas se convirtió rápidamente en un centro comercial y cultural de primer orden en el mundo helenístico. Fue en este período de máximo esplendor cuando se erigió el legendario Coloso, la gigantesca estatua de bronce dedicada a Helios que dominaba la entrada del puerto. Tras el declive de la independencia griega, la isla pasó bajo la órbita romana y después bizantina, manteniendo siempre un papel clave en las rutas marítimas hacia Tierra Santa.

El giro decisivo se produjo en 1309, cuando los Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén tomaron posesión de la isla, transformándola en una poderosa fortaleza cristiana en el corazón del Egeo. Durante más de dos siglos, Rodas fue el baluarte contra el avance otomano, hasta la capitulación de 1522 tras un heroico asedio. La dominación turca duró hasta 1912, cuando Italia ocupó el Dodecaneso, iniciando un vasto programa de restauraciones y obras públicas que dieron a la ciudad moderna su rostro actual, antes de su definitiva reunificación con Grecia en 1948.

La Ciudad Medieval: un laberinto de historia

La Ciudad Vieja de Rodas es una de las fortificaciones medievales mejor conservadas de Europa. Encerrada en un perímetro de murallas de unos cuatro kilómetros, es un dédalo de callejuelas donde la arquitectura gótica de los Caballeros se funde con las mezquitas otomanas y los patios interiores de las casas griegas. Pasear por aquí significa perderse entre tiendas de artesanía, tabernas perfumadas de orégano y plazoletas escondidas donde el tiempo parece haberse detenido. El acceso a través de las majestuosas puertas monumentales, como la Puerta Marina o la Puerta de Amboise, prepara al visitante para un viaje inmersivo en el pasado caballeresco de la isla.

El Palacio del Gran Maestre

En lo alto de la ciudad vieja se alza el Palacio del Gran Maestre, la ciudadela dentro de la ciudadela. Construido originalmente en el siglo XIV como sede administrativa y residencia del jefe de la Orden de los Caballeros, el edificio impresiona por sus imponentes torres almenadas y su aspecto de fortaleza inexpugnable. Aunque gran parte de la estructura original resultó dañada por una explosión en 1856, el palacio fue meticulosamente reconstruido durante el período italiano. En su interior, amplias salas albergan preciosos mosaicos de pavimento de época helenística y romana, procedentes de la isla de Kos, y exposiciones que narran la vida cotidiana y las gestas de los Caballeros.

La Calle de los Caballeros

La Calle de los Caballeros (Odos Ippoton) es quizás la calle medieval más célebre y evocadora del mundo. Con unos 600 metros de longitud, conecta el Palacio del Gran Maestre con la zona del puerto. A lo largo de este eje recto, empedrado con adoquines oscuros, se asoman los 'Albergues de las Lenguas', las suntuosas residencias donde se alojaban los caballeros según su procedencia geográfica (Francia, España, Italia, Inglaterra, etc.). La ausencia de escaparates modernos y la homogeneidad del estilo gótico crean una atmósfera austera y solemne, especialmente al atardecer, cuando las luces tenues acentúan los perfiles de los escudos nobiliarios esculpidos en la piedra caliza.

El Puerto de Mandraki y el mito del Coloso

Mandraki es el antiguo puerto militar de Rodas, hoy animado por yates y barcos de excursión. En la bocana del puerto, donde la leyenda cuenta que se erguían los pies del Coloso de Rodas, hoy se alzan dos columnas coronadas por las estatuas de bronce de un ciervo y una cierva (Elafos y Elafina), símbolos de la ciudad. En el muelle se alinean tres característicos molinos de viento medievales y la fortaleza de San Nicolás, que hace las veces de faro. Este lugar es el corazón palpitante de la Rodas moderna, donde el paseo vespertino se mezcla con la brisa marina y la vista escenográfica de las murallas que se reflejan en el agua.

La Acrópolis de Rodas y el Monte Smith

En la colina que domina la ciudad, conocida como Monte Smith (por el nombre del almirante inglés que estableció allí un puesto de observación en 1802), se encuentran los restos de la Acrópolis de Rodas. A diferencia de otras acrópolis griegas, esta no estaba fortificada, sino que constituía un área monumental dedicada al culto y al deporte. Aquí se pueden admirar las columnas parcialmente reconstruidas del Templo de Apolo Pitio, el estadio helenístico del siglo II a.C. perfectamente conservado y el pequeño teatro de mármol. Es el lugar ideal para disfrutar de una puesta de sol espectacular, con vistas que alcanzan hasta las costas de Turquía.

Lindos: la perla blanca de la isla

Situada a unos 50 kilómetros al sur de la capital, Lindos es una parada imprescindible. Se presenta como una cascada de casas blancas de estilo cicládico que se aferran a la roca, dominada por una espectacular acrópolis ceñida por murallas medievales. Subiendo a pie o a lomos de burro por las callejuelas tortuosas, se llega al templo dórico de Atenea Lindia, situado en un precipicio a pico sobre el mar. La vista de la bahía de San Pablo, con su forma de corazón y sus aguas turquesas, es una de las imágenes más icónicas de toda Grecia. Lindos conserva un encanto atemporal, pese a su popularidad turística.

Naturaleza y Paisaje: de las Mariposas a las Siete Fuentes

El interior de Rodas reserva sorpresas inesperadas. El Valle de las Mariposas (Petaloudes) es un biotopo único donde, entre junio y agosto, miles de mariposas de la especie Panaxia Quadripunctaria se reúnen atraídas por el aroma de los árboles de liquidámbar. Otro lugar mágico es Epta Piges (Siete Fuentes), una zona boscosa donde el agua brota fresca todo el año creando arroyos y un pequeño lago al que se llega a través de un túnel subterráneo. Las costas varían drásticamente: la vertiente occidental está azotada por los vientos y es ideal para el windsurf, mientras que la oriental ofrece playas resguardadas como Faliraki, Tsambika y la célebre bahía de Anthony Quinn.

Tradiciones y sabores del Dodecaneso

La cocina de Rodas es un triunfo de ingredientes locales enriquecidos por influencias de Oriente Medio. No se puede dejar la isla sin haber probado las 'pitaroudia', crujientes buñuelos de garbanzos con menta y cebolla, o el 'melekouni', un dulce tradicional a base de miel y sésamo típico de las bodas. La producción vinícola tiene raíces antiquísimas: los vinos locales, especialmente los producidos en las laderas del monte Attavyros, están entre los mejores de Grecia. Las tradiciones populares reviven en las fiestas religiosas (panigiria), donde la música de la lira y las danzas de grupo involucran a pueblos enteros en un rito de convivencia que une generaciones.

Experiencias que no hay que perderse en Rodas

  • Perderse en el barrio judío de la Ciudad Vieja y visitar la sinagoga Kahal Shalom.
  • Bañarse en las aguas cristalinas de la Bahía de Anthony Quinn, rodeados de rocas y pinos.
  • Explorar las ruinas de la antigua Camiros, apodada la 'Pompeya griega'.
  • Asistir a un espectáculo de luz y sonido en el jardín del Palacio del Gran Maestre.
  • Recorrer el túnel de las Siete Fuentes para una experiencia refrescante e insólita.
  • Disfrutar de un aperitivo al atardecer en una de las terrazas panorámicas cerca de la Torre del Reloj.

Cuándo ir y cómo vivir la isla

Rodas goza de un clima privilegiado con más de 300 días de sol al año. La primavera (mayo-junio) y el inicio del otoño (septiembre-octubre) son los mejores momentos para visitarla: las temperaturas son agradables, la naturaleza está exuberante y la afluencia es moderada. El verano es ideal para quien busca vida de playa y nocturna, aunque el calor puede ser intenso. Para vivir la isla de forma auténtica, se aconseja alquilar un coche para adentrarse más allá de los circuitos clásicos, visitando pueblos de montaña como Embonas o Siana, donde la hospitalidad griega (philoxenia) se manifiesta todavía en su forma más pura y genuina.

Preguntas frecuentes

Quanto tempo occorre per visitare Rodi?
Per vedere la città principale e i siti più iconici come Lindos bastano 3-4 giorni, ma per esplorare l'intera isola e godersi il mare consigliamo almeno una settimana.
È facile muoversi con i mezzi pubblici?
Sì, la rete di autobus (KTEL e RODA) collega bene la città di Rodi con Lindos, Faliraki e l'aeroporto, ma per l'entroterra l'auto è preferibile.
La città vecchia è accessibile ai disabili?
Molte aree sono pavimentate con ciottoli irregolari che rendono difficile il transito, ma i percorsi principali intorno al Palazzo del Gran Maestro sono stati migliorati.
Qual è la spiaggia migliore per le famiglie?
La spiaggia di Tsambika è ideale grazie al suo fondale sabbioso e basso, perfetta per i bambini e ben attrezzata.

Cómo llegar

En avión
  • Aeroporto Internazionale di Rodi-Diagoras (RHO) - 14 km dal centro città
En tren
  • Non sono presenti linee ferroviarie sull'isola.
En coche
  • La città di Rodi è il fulcro stradale dell'isola; la litoranea orientale collega rapidamente il nord con Lindos e il sud.
Consejo
  • Dall'aeroporto è possibile prendere un taxi o il bus navetta che parte ogni 30 minuti circa.

Perfecto para

Storia e Archeologia

Un paradiso per chi ama il passato, con un mix unico di rovine greche, castelli medievali e architettura ottomana.

Mare e Relax

Offre spiagge per ogni gusto, dalle calette rocciose ideali per lo snorkeling ai lunghi litorali sabbiosi attrezzati.

Vita Notturna

La città di Rodi e Faliraki offrono un'ampia scelta di club e bar, rendendola una delle isole più vivaci del Dodecaneso.

Para ver

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